Desde hace unas semanas se está jugando en Nigeria el mundial de fútbol sub 17 el cual está llegando a su fase de cuartos de final. Futbolistas de diferentes partes del hemisferio, muchos de ellos aún con cara de niños, llegaron con la ilusión de trascender y darse a conocer para ser las futuras estrellas del fascinante mundo del fútbol que mueve millones de dólares aun en competencias inferiores.
Procedentes de Europa, Asia, América y Africa, muchos de ellos han tenido que regresar a sus países de origen con la experiencia de haber representado a su país pero sin duda alguna con nuevas experiencias en su corta vida, entre otras el darse cuenta que no todo son aplausos, reconocimientos y contratos millonarios, sin trabajo, esfuerzo, sacrificio y dedicación, en una palabra, que no es fácil triunfar en este medio y que para llegar a la meta hay que pasar por una serie de pruebas y frustraciones.
Con el nombre no se gana, si se quiere ser el mejor hay que demostrarlo día a día, con determinación y sin temores. Brasil, Alemania, Argentina y otros equipos que en selecciones mayores siempre son candidatos al título han tenido que aceptar que el historial deportivo no es garantía para triunfar, se requiere la renovación y el trabajo continuo.
Por lo que refiere al representativo nacional mexicano hay que señalar que, al igual que el resto de los demás participantes, tienen mucho camino que recorrer, aún hay mucho que aprender; eliminados en fase de octavos de final por una supuesta más débil selección de Corea, se quedaron a mitad de camino, es espera de otra oportunidad.
jueves, 5 de noviembre de 2009
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