L'ultimo treno a Auschwitz no es el título de una película o el último best seller sobre el tema del campo de concentración nazi del siglo pasado, tampoco pretendo hacer una amplia exposición sobre este tema que ha sido objeto de estudio, análisis, reflexión y crítica a través de los años, simplemente he querido escoger este título para hablar un poco de esa realidad pero desde la perspectiva positiva, no en el sentido de que el hecho en si haya sido positivo para la humanidad o para los que lo vivieron, sino desde la experiencia de aquellos que tuvieron la fortuna de sobrevivir a aquella masacre.
Ni siquiera haré referencia a personajes famosos ó a las grandes obras como la del psiquiatra e escritor Viktor Frankl que en su obra El hombre en busca de sentido que ha sido traducida en más de treinta idiomas nos habla de su propia experiencia en el campo de concentramiento y cómo dicha experiencia la aplicó al campo de la psicoterapia.
Quiero referirme a uno de tantos desconocidos que tuvieron la oportunidad de sobrevevir. Su nombre tal vez no nos diga mucho, Marino Bambini, soldado italiano, de oficio barbiere e parrucchiere.
Este tema me viene a la mente precisamente como un pequeño homenaje a èste y a tantos "desconocidos" que han sabido valorar y apreciar el valor de la vida compartiendo sus experiencias con los demás.
Tanto en su muerte como a lo largo de toda su vida Marino tuvo que luchar contra las dificultades y adversidades pero siempre con espíritu de optimismo. No recibió grandes homenajes pero si la satisfacción de haber servido a sus semajantes e incluso de haber salvado a lgunos de una muerte inminente en los campos de concentración.
Contaba cómo pasaba noches enteras sin dormir y gracias a su oficio de barbero y peluquero había logrado salvar la vida y a su vez salvado la vida de otros tantos. Decía también y en eso coincidía con Frankl "quienes logramos sobrevivir no fuimos los mejores, ni los más fuertes, simplemente quienes tuvimos la oportunidad y la aprovechamos.
Marino murió el pasado 24 de Diciembre a la edad de 90 años, en Lammari, provincia de Lucca y sepultado ahí mismo, sin grandes homenajes pero con la paz y la tranquilidad de haber cumplido su misión terrena y desempeñando su oficio hasta los últimos días.
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